Cuatro rayas de sangre


Se alzán de nuevo
puños blandiendo odio,
al aire de la sedición isabelina,
hijos de los nueve barones.

Otros quedan en casa,
rezándole a su inocencia,
hijos también de los nueve barones,
el Conde Duque de Olivares,
lamenta lo lejos que queda esa tierra.

Ojos cansados,
fatiga de crisis, de unión de armas,
de centralidad inconexa,
no funciona el estado
cuando legislan los de una tierra.

Se huele la rebelión,
y una herida que se cangrena.

Una madre llora a un policia herido,
una madre llora a un manifestante tuerto,
habrá muerte y no habrá paz,
no la hubo, por poderes,
por intereses de unos pocos.

Cataluña, que es española,
que fue francesa, que es cataluña,
que es una tierra.

No reclama ser escuchada,
clama rebelión sin miedo,
los días pasan entre llamas y odio,
llora la Señora de Montgrony
y su faz negra.

Más de 400 años de rencilla,
ya no hay Castilla,
ya no hay absolutismo,
hay libertad
e impuestos.

Cataluña herida,
por asta de toro,
grita en la plaza
con la puntilla amenazante.

Vientos invernales,
llevaros el sufrimiento
Reos de sedición,
sólo hay ira, no hay palabras.

Ya nunca hay palabras,
sólo rayas de sangre en una
bandera dorada gastada por ignorantes.

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