amor vidas

#ceniza

Había llegado, tiró la mochila con el portátil, no tenía ganas de estar en silencio, tenía un ruido ensordecedor en la cabeza, de las reuniones, del tira y afloja, de los plazos, de los problemas y de las personas.  Era una habitación anodina de hotel que invitaba al descanso eterno, toda forrada de madera. Bonito ataúd pensó. Se ducho y bajó a la calle. Era un hombre sereno, pero tenía todos los cajones de su mente abiertos y removidos.

Buscaba un sitio que le permitiera comer algo rápido, de pie, y tomar una copa. Cerca del hotel encontró gente joven fumando, hablando y vio que estaban en la entrada de un sitio tenía hamburguesas, ensaladas y una terraza con gente escuchando música y bebiendo copas con los pies sobre sofás. Le pareció el complemento perfecto de su ducha. Le sentaron en una mesa cerca de un grupo de mujeres, ellas estaban cenando tataki, ensalada con aguacate y unas tostas de queso con mermelada de frambuesa. Pidió el tataki y la ensalada de aguacate y una copa de vino. Le miraron un segundo y siguieron hablando. Una de ellas parecía realmente ofendida, mientras las otras dos, escuchaban, una de ellas tenía como cara de empatizar más y asentía a todo lo que le contaban, la otra fumaba con cara de póker. Pantalones de vinilo negro, leggins y falda. Iban combinadas con sus personalidades.

Encendió un cigarro para amainar la espera y maridar con su copa. Oyó unos pasos, alguien se había sentado a su lado, miro las piernas, eran los inconfundibles vinilos negros. La miró y siguió fumando. Tenía los ojos azules intensos, morena y no tenía maquillaje, sólo la raya de los ojos. Ella le pidió un cigarro. Le acerco el paquete que tenía sobre la mesa, le preguntó qué le pasaba a su amiga. Cuernos, se había encontrado a su novio follándose a la vecina. Le pregunté que si todavía existía gente que no se diera cuenta de que no loa quieren. Al parecer sí, me dijo ella, aunque asumo que están en extinción. Igual que los hijos de puta. Lo dudo le dijo él, hijos e hijas de puta hay muchos. Hay más lobos que ovejas.

¿Has satisfecho tu curiosidad? – le preguntó ella sonriendo como la mona lisa. Y ¿tú la tuya? Le replicó él. Así termino el primer asalto. Llegó la camarera con el tataki y la ensalada. Cuando se iba a marchar, le pregunté si quería una copa. A las dos horas estaban en la habitación desnudos follando. Su espalda en la madera, su olor a manzana mezclada con el vino de su boca, emitían tanto calor que no hacía falta luz, se veían como bajo la luz de la luna. Murieron casi al mismo tiempo. Desnudos como estaban y sin conocerse, lo más sensato habría sido separarse, pero siguieron tumbados fumando. ¿Fuiste oveja alguna vez? Él miro al techo un momento, era una mierda de gotelé que ya no se llevaba. Comenzó a hablar: yo creo que no fui oveja nunca como tal, pero creo que si fui un humano feliz y creyente en la felicidad como tal un tiempo. Creo que puedes mantenerte humano mucho tiempo, pero poco a poco la vida te va volviendo otra criatura hecha de ceniza, hueca, sin llama divina. Esa criatura es poderosa, capaz de sobrevivir a todo. Hay gente que no soporta la transformación y se vuelve loca o fallece. Estas criaturas, tienen menos ilusiones y las que tienen las guardan profundas bajo todo el amasijo de ceniza, bien a cubierto, para que nadie se las arrebate. Más hostiles. Callaron los dos un momento. Ella miró el cigarro, entonces según tú somos en parte como estos cigarros. Es muy frío. ¿Cuándo notaste que te hacías ceniza?

Volvió a mirar al techo, la primera vez que mi padre engaño a mi madre. Ella le miró, ahora responde en serio. Se hizo silencio un par de minutos. De repente él dijo: mi novia se mató en un accidente de tráfico tras dejarla. Ella enmudeció, no esperaba una respuesta de él tan honesta. ¿Te duele? Ya no, hace tiempo que soy completamente de ceniza.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: