Acariciando a Eva

mano prehistórica pintada

En su noche fría y oscura de una Europa desconocida,

distante milenios de este Ahora,

aquella mujer dibujó su mano en la piedra

ayudada de óxido de hierro

y de una luz tenue de tuétano.

 

Ella era Eva, la del paraíso,

del que expulsados,

caímos hacía esta Europa,

 

Podría haber acercado mi cara,

para que desde la noche de los tiempos,

la acariciara.

Pero superpuse mi mano sobre la suya,

sobre la roca templada, Y sentí su cercanía.

 

Me pregunté quién imaginó ella que pondría,

su mano junto a la suya, y la acariciaría,

si quiso esa caricia porque estaba triste.

Su vanidad no era, no pintó retrato,

ni mueca,ni cuerpo, ni cadera,

pinto su mano para que alguien,

en otro tiempo, la hiciera compañía.

 

 

Escrito por

Autor de Microcuentos y poemas de metro para gente 3.0 y Los sueños siempre te observan

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