Alegoría yámbica

Mira la piraña araña en la charca desalada,
pregunta el terapeuta si duerme a pierna inquieta,
y la respuesta sí, siempre y por supuesto,
más dientes aguardan en la escalera,
donde se desmaya la cordura y cuchichea la concupiscencia,
miran al cielo mientras les muerden la creída fragrancia.

Juran ballenas que no entienden a las pirañas de bañera
que desfilan de las grotescas carnicerías a los fingidas exequias,
hablando bien del muerto que pasa a mejor vida,
con más restos en los dientes que en los ataúdes,
gritan, gritan, gritan, los peces en la cantina
y miran a la pareja enlutecida y los restos con sonora codicia.

Las amistades pesan en las cienas cuando el barro se calienta,
anoche llegaba tarde, hoy no llega y la mañana arriva
con el amigo que blande sombrero y navaja usadas,
ya le están midiendo el lomo, imaginando su carne salada,
los peinados y los abanicos no enturbian las aguas,
y fluye y fluye, fluye, lo que algunos llaman justicia.

Llega la hilarada tras la despedida,
nadie tenía hambre pero todas comieron parte,
alguien derrama sangre en el estanque para ver las fieras
el agua se torna bermeja, oxidada de felonía
mientras las rollizas siluetas de las pirañas arañas
sobreviven a la sartén de la vida.

Disfruta la audiencia y viven apaciaguados los amigos,

hasta la siguiente gota de plasma cuando pensaron

que ya todo había terminado.

Escrito por

Autor de Microcuentos y poemas de metro para gente 3.0 y Los sueños siempre te observan

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