Astyanax

Astianax

 

No mates a mi hijo, soldado,

la sangre de su padre aún mana,

y tu quieres quitarme lo único que me queda de él.

 

Quema mi casa, arda Troya entera,

pero no me quites criarlo,

su risa, su niñez.

 

No basta para saciarte,

él que nos dio sentido y protección,

mi carne, mis muslos,

la ciudad en la que crecimos,

todo nuestro Universo.

 

No tires a mi hijo al vacío,

te lo suplico,

calmada tu hambre de gloria,

de revancha,

vuelve al vientre de ese infernal caballo,

a la panza de esa terrible nave,

y vuelve a Grecia,

sintiéndote un hombre.

 

Deja crecer la hierba bajo tus pies,

un sólo niño no puede acontecer,

lo que una ciudad en plenitud no pudo.

 

Déjadlo con vida, griego. Dejadlo.

 

 

Escrito por

Autor de Microcuentos y poemas de metro para gente 3.0 y Los sueños siempre te observan

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