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Estaban sus señorías en el receso del debate de investidura, habiendo transcurrido el primer día bronco entre las bancadas del congreso con un tema estrella: los nacionalismos, la votación se saldó en contra del candidato. Pedro Sánchez tomó un café con hielo, había pasado la velada hablando con coalición canaria y con Pablo Iglesias. Revisaba la lista de sus socios, los acuerdos, las caras, las facciones, nada debía fallar en este segundo día para llevar adelante las reformas que consideraba claves para el país. Llegó al congreso y tras las charlas y saludos iniciales, todos los diputados tomaron sus asientos en el hemiciclo. Pedro como el día anterior, procedió a abrir el debate, subió al atrio con las notas que llevaba preparadas y miró a todos los presentes con la esperanza de abrir un nuevo camino. Algo sucedería esa mañana que cambiaría los caminos para siempre y no provenía de ningún político. Tres hombres noblemente ataviados se aparecieron de golpe en la platea del congreso. Echenique que estaba en su silla de ruedas, tuvo que reunir todas sus fuerzas para no desmayarse estando a unos centímetros de los tres desconocidos. Uno tenía facciones asiáticas, otro africanas y otro europeas, los tres con muy diferentes edades. Pedro pensó que estaba teniendo alucinaciones y quiso continuar con su discurso como si tal cosa, pero uno de los hombres, el que tenía facciones más europeas miro a Pedro y al resto de parlamentarios y habló:

  • Señorías, vengo a hablarles de un hecho insólito que debo compartir con todos ustedes, si me concedieran la palabra – dijo Melchor.

Los alguaciles de la sala, acudieron raudos a apresarlos, pero no pudieron acercarse. Algo se lo impedía. Como si un escudo impenetrable y transparente se interpusiera.

  • Debo decirles que cualquier acción en contra nuestra resultara infructuosa y que si bien no tenemos intención alguna de hacer ningún daño a los presentes ni de quebrar en modo alguno el ejercicio que han venido a realizar, tenemos algo que compartir que puede servirles de utilidad. – añadió Melchor.

Santiago Abascal, Pablo Casado, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, todos los líderes se miraron, ninguno se movió de su sitio, sintieron curiosidad por las tres personas, se pusieron en pie temiendo que aquello fuera un golpe de estado. Ninguno pensó que viviría algo así. No en este siglo.

  • Señorías, permítanme presentarnos conforme a nuestro título en la tradición cristiana arraigada en España. Somos los tres Reyes Magos de Oriente. – Se oyeron risas entre los presentes, cuchicheos, … – Siempre nos pareció una denominación ostentosa, pero es la traducción que se le quiso dar a la palabra de San Mateo. En realidad, y que quede entre nosotros, somos tres excelsos hombres de ciencia y magia cuyo origen se remonta a Tartessos y la Atlántida.  – subrayó Melchor.

El hemiciclo estaba totalmente en silencio, las cámaras de televisión seguían filmando y la escena estaba siendo vista en todo el país.

  • Estamos aquí para compartir lo que nuestros analistas han encontrado en las cartas de sus infantes.  Desde la época en que eran ustedes niños, tras la posguerra, recibíamos muchas misivas pidiendo por familiares, felicidad, zapatos para los domingos … cosas simples. Estas cartas, y no quiero citar las de algunas de ustedes, nos llegaban al corazón y siempre intentamos corresponder con todos los esfuerzos que estaban en nuestras manos para no defraudar las ilusiones que todos los niños y sus familias depositaron en nosotros. En las últimas décadas, cartas más y más centradas en juguetes, nos dieron la impresión de que el mundo sin duda se estaba volviendo un sitio mucho más materialista de lo que había sido anteriormente y eso se reflejaba en las ansias de los más pequeños, pero nos alegraba saber que los niños no tenían grandes preocupaciones. – dijo Gaspar.
  • Últimamente, hemos recibido cartas de niños preocupados por el mundo, por las discusiones familiares sobre política, por las guerras, el desánimo en las casas, los divorcios de sus padres. Ante tal panorama, nosotros debatimos y pensamos que lo mejor era compartirlo con ustedes, ya que necesitan saber que sus hijos les observan. Sabemos que a los presentes les preocupa mucho la independencia, tranquilos, no es algo nuevo, recuerdo en tiempos de la segunda república que sus abuelos preparaban estatutos federales para algunos territorios. No son conversaciones nuevas, luego llegó la guerra y aquellas conversaciones se olvidaron y las cartas que recibimos, fueron casi oraciones con mucho dolor y padecimiento. – compartió Baltasar.
  • Nunca les fallamos cuando fueron niños, pero para contentar a quienes nos han escrito las cartas de este año, necesitamos su colaboración. Piensen, desde sus corazones de niños, que desean y ríndanse a la evidencia de que no podrán tener una foto estática de otro tiempo en los tiempos presentes. Deben escribir otra página de la historia ilusionante para los que vienen. Espero que tengan altura de miras, y entiendan que les hacemos partícipes de una misión difícil y es la de hacer felices a los niños. Sabemos las personas que son, por las cartas que cada uno de ustedes, nos hizo llegar año tras año, cuando todavía no tenían edad para pensar en todo lo que piensan ahora. Este es nuestro mensaje, disculpen las molestias y nuestro atrevimiento. Partimos en este mismo instante, pues nos quedan todavía obsequios que entregar a los niños y familias fieles a la fiesta de la Epifanía. – finalizó Melchor.    

Tras estas palabras, los tres hombres desaparecieron y los alguaciles pudieron traspasar la fuerza que anteriormente los había contenido. Echenique avanzó su silla hacia donde habían estado los tres hombres y dio vueltas alrededor de si mismo. Pedro Sánchez, pidió a la presidenta del congreso un receso y se dirigió a los presentes intentando encontrar las palabras.

  • Sea pues lo que hemos visto, tomen sus conclusiones, y si tal y cómo parece, no hay ningún otro contratiempo, retomaremos el diálogo en breve con el beneplácito de la presidenta. – dijo Pedro.

Y esta fue la epifanía en el Congreso.

Escrito por

Autor de Microcuentos y poemas de metro para gente 3.0 y Los sueños siempre te observan

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