Louis Amstrong

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No tenía nada,
Si no era capaz de hacerla sonreír,
O de que lo mirara como ella hacía
Cuando sentía su alma rebosar
De amor.

Allí, ante Keops, saco su trompeta
Y tocó, más nervioso
Que en un concierto ante el mismísimo presidente.

Lucille lo escuchaba,
Toca para mi Louis
Y el tocó melodías preciosas
que ruborizaron a la esfinge.

Escrito por

Autor de Microcuentos y poemas de metro para gente 3.0 y Los sueños siempre te observan

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